
Los divorcios en septiembre vuelven cada año a ocupar titulares. Tras varias semanas de convivencia más intensa, algunas parejas regresan de las vacaciones convencidas de que sus problemas ya no son pasajeros. Pero ¿existe realmente un aumento de divorcios al finalizar el verano?
Las vacaciones no suelen ser la verdadera causa de una ruptura. Con frecuencia actúan como un amplificador de conflictos anteriores: problemas de comunicación, desacuerdos económicos, reparto desigual de las responsabilidades familiares, diferencias en la educación de los hijos o un distanciamiento emocional que el ritmo cotidiano permitía aplazar.
¿Realmente aumentan los divorcios en septiembre?
Conviene distinguir tres momentos diferentes: la consulta con un abogado, la presentación de la demanda y la resolución definitiva del divorcio. Entre ellos pueden transcurrir semanas o meses.
Las estadísticas públicas españolas tampoco ofrecen un recuento nacional específico de los divorcios iniciados durante septiembre. El Instituto Nacional de Estadística publica datos anuales sobre resoluciones judiciales, decretos y escrituras notariales, mientras que el Consejo General del Poder Judicial informa trimestralmente sobre las demandas presentadas.
Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que en 2025 se produjeron en España 80.785 divorcios, un 2,7 % menos que el año anterior. El 80,5 % fueron no contenciosos y el 19,5 % contenciosos. Además, el 15,9 % se formalizó ante notario.
Por su parte, el Consejo General del Poder Judicial registró 16.444 demandas de disolución matrimonial entre julio y septiembre de 2025, un 14,9 % menos que en el mismo trimestre de 2024. Este dato agrupa los tres meses —incluido agosto, de menor actividad judicial— y no permite aislar lo sucedido únicamente en septiembre.
Septiembre: más consultas no implica más demandas
Un análisis de datos mensuales facilitados por el INE para los años 2011 a 2014 tampoco encontró un patrón estable que situara septiembre como el mes con más demandas. Sí constató, en cambio, que los despachos recibían más peticiones de cita después de las vacaciones y que muchas eran consultas preventivas que no desembocaban inmediatamente en un procedimiento.
La percepción profesional tiene, por tanto, una base real, pero debe expresarse correctamente: septiembre puede ser un mes de decisiones y consultas, aunque no pueda afirmarse que concentre un porcentaje determinado de todos los divorcios del año.
Esta realidad aparece también en el III Observatorio del Derecho de Familia. El 73 % de los especialistas encuestados por la Asociación Española de Abogados de Familia consideró que las rupturas observadas después del confinamiento eran similares a las que se producen tras un periodo vacacional prolongado, según recogió la Abogacía Española.
Existe, además, evidencia internacional sobre cierta estacionalidad. Una investigación de la Universidad de Washington, basada en demandas presentadas entre 2001 y 2015, observó picos después de las vacaciones de invierno y verano. Es un estudio realizado en Estados Unidos y no una estadística trasladable directamente a España, pero ayuda a comprender el posible efecto de los periodos vacacionales.
Las vacaciones como punto de inflexión
Durante el resto del año, el trabajo, el colegio y las obligaciones domésticas reducen el tiempo de convivencia. En vacaciones cambian las rutinas, aumentan las horas compartidas y aparecen decisiones constantes sobre horarios, gastos, hijos y relaciones con las familias de origen.
También influyen las expectativas. Se espera que las vacaciones reparen el desgaste acumulado y proporcionen una convivencia ideal. Cuando sucede lo contrario, la decepción puede confirmar que el problema es más profundo.
El IV Observatorio del Derecho de Familia identificó precisamente el desgaste, el alejamiento y la falta de comunicación —relacionados con el trabajo, la crianza y la organización familiar— entre las razones más habituales de las rupturas en España.
Divorcios en septiembre: cómo actuar
La primera recomendación es no adoptar decisiones irreversibles en medio de una discusión. Abandonar precipitadamente la vivienda, cambiar a los hijos de domicilio, retirar fondos de una cuenta común, dejar de pagar determinados gastos o firmar un documento sin asesoramiento puede condicionar después la negociación o el procedimiento.
- Obtenga asesoramiento antes de comunicar decisiones definitivas. Una primera consulta no obliga a divorciarse. Sirve para conocer las alternativas, anticipar las consecuencias económicas y familiares y evitar actuaciones perjudiciales.
- Proteja a los hijos del conflicto. Los menores no deben convertirse en mensajeros, confidentes ni instrumentos de presión. Conviene preservar sus horarios, escolarización y relaciones familiares.
- Reúna la documentación económica y familiar. Certificados, nóminas, declaraciones tributarias, escrituras, recibos de hipoteca o alquiler, información bancaria y justificantes de los gastos de los hijos permitirán negociar con conocimiento.
- Diferencie lo urgente de lo definitivo. Si la convivencia resulta insostenible, puede ser necesario regular provisionalmente la guarda, el uso de la vivienda, las comunicaciones y la contribución a los gastos.
- Valore seriamente el mutuo acuerdo. Suele reducir el coste, la duración y el desgaste emocional, y permite construir una solución adaptada a la realidad de la familia.
El plan de parentalidad y los hijos
En Cataluña, cuando existen hijos comunes, el convenio o las propuestas de las partes deben incluir un plan de parentalidad. Este documento regula la guarda, los cambios de domicilio, las comunicaciones, las vacaciones, la educación y la toma de decisiones relevantes. Su contenido se encuentra previsto en el artículo 233-9 del Código Civil de Cataluña.
Si no existen hijos menores ni hijos respecto de los cuales se hayan establecido determinadas medidas judiciales de apoyo, el divorcio consensuado puede llegar a formalizarse ante notario. Cuando existen hijos menores, el convenio debe someterse al control judicial y del Ministerio Fiscal.
Violencia familiar: la seguridad es prioritaria
En situaciones de violencia de género o familiar, coacciones, amenazas o riesgo para los hijos, no debe iniciarse una negociación informal bajo presión. Es necesario valorar inmediatamente las medidas de protección y la posible intervención de los órganos judiciales especializados. Ante una emergencia debe llamarse al 112; el 016 ofrece información y asesoramiento en materia de violencia contra las mujeres.
Cómo puedo ayudarle
Cada ruptura presenta circunstancias familiares, económicas y personales diferentes. Como parte de mis servicios de Derecho de Familia, puedo ocuparme del análisis inicial del caso, la negociación, la redacción del convenio regulador y del plan de parentalidad, así como de la tramitación de divorcios de mutuo acuerdo o contenciosos.
Mi intervención también puede comprender las medidas provisionales o urgentes, la guarda y custodia, las estancias, las pensiones de alimentos, el uso de la vivienda, la prestación compensatoria, la compensación económica por razón de trabajo, la liquidación del régimen económico matrimonial y la posterior modificación o ejecución de las medidas.
Cuando resulte adecuado, puedo asistirle como abogado negociador o intervenir, desde una posición neutral, como conciliador privado habilitado.
La decisión de separarse es personal. La manera de organizar sus consecuencias requiere información, previsión y una estrategia jurídica adaptada a cada familia. Si la vuelta de vacaciones ha puesto de manifiesto una crisis que ya no puede aplazarse, puede solicitar una consulta para conocer sus derechos y tomar decisiones con mayor seguridad.
Este artículo contiene información general y no sustituye el asesoramiento jurídico individualizado.



